La mayoría de los animales extintos de la colección vienen de lejos: la estepa siberiana, la pampa, los bosques de Nueva Zelanda. La serie del Mioceno es la excepción. Varias de sus piezas son animales que vivieron hace entre nueve y diez millones de años a pocos kilómetros del centro de Madrid, en un cerro bajo llamado Cerro de los Batallones.
Un cerro lleno de trampas
Los primeros fósiles de Batallones, en el término municipal de Torrejón de Velasco, aparecieron por casualidad en julio de 1991, durante trabajos de extracción en el cerro. Las excavaciones realizadas desde entonces han identificado nueve yacimientos distintos, todos del Mioceno superior, con una antigüedad de entre 9,8 y 9,1 millones de años aproximadamente.
Lo que hace excepcional a Batallones no es solo la calidad de los huesos, sino a quién pertenecen. En la mayoría de los yacimientos fósiles, los herbívoros superan con mucho en número a los depredadores, como ocurre en cualquier ecosistema actual. En Batallones-1, casi todos los fósiles son de carnívoros. Las cavidades del cerro parecen haber funcionado como trampas naturales: los animales que trepaban hasta ellas o caían dentro, quizá atraídos por el agua o por presas atrapadas, ya no podían salir, y los depredadores que acudían tras ellos corrían la misma suerte.
El resultado es una de las asociaciones de carnívoros del Mioceno más ricas que se conocen: dos félidos de dientes de sable, Machairodus aphanistus y el más pequeño, del tamaño de un leopardo, Promegantereon ogygia; un oso, Indarctos arctoides; Simocyon batalleri, pariente lejano del panda rojo; anficiónidos, los llamados perros oso, y varios cazadores de menor tamaño.

Machairodus
Machairodus aphanistus era un félido del tamaño de un león y uno de los primeros dientes de sable verdaderos. Sus caninos son largos y aplanados, pero más anchos y menos extremos que los de formas posteriores como Smilodon. Batallones ha proporcionado el primer cráneo completo de la especie, y suficientes individuos para estudiar cómo variaba de un animal a otro, algo casi nunca posible con un depredador fósil.

Decennatherium rex
Los herbívoros de Batallones también guardan sorpresas. Decennatherium rex, descrito en 2017 a partir de material hallado aquí, era un pariente de la jirafa y el okapi con cuatro osiconos: un par pequeño sobre los ojos y otro mucho mayor detrás. Es el miembro más antiguo conocido del linaje que más tarde daría lugar a Sivatherium, el enorme jiráfido de África y Asia.
El resto del paisaje
La lista de especies de Batallones parece la de la serie miocena de la colección. Junto a los depredadores vivían Tetralophodon longirostris, un proboscídeo de mandíbula alargada con colmillos en las dos mandíbulas; Aceratherium incisivum, un rinoceronte sin ningún cuerno, y el caballo de tres dedos Hippotherium primigenium, todavía muy conocido por su nombre antiguo, Hipparion primigenium, que es el que se usa en el catálogo.
Expuestos juntos, no son una selección de fósiles famosos, sino una única comunidad de animales que vivieron y murieron en el mismo lugar.
Aún más antigua: la tortuga gigante de Alcalá
Titanochelon bolivari pertenece a esta serie, pero no a este cerro. La tortuga gigante se describió por primera vez en 1917 a partir de restos del Cerro del Viso, en Alcalá de Henares, al este de Madrid, y procede del Mioceno medio, varios millones de años antes que las trampas de Batallones. Su caparazón rozaba los dos metros de longitud: el gigantismo de las tortugas fue en su día un fenómeno continental, no solo insular. Madrid sigue sacándolas a la luz: en julio de 2026 aparecieron restos de una tortuga gigante de más de 15 millones de años durante unas obras en la ciudad.
Piezas de este artículo
- Machairodus aphanistus — réplica de resina pintada a mano, escala 1:20
- Machairodus aphanistus — figura de resina, escala 1:35 y imán de nevera
- Decennatherium rex — réplica de resina pintada a mano, escala 1:20
- Tetralophodon longirostris — 1:20 y 1:35
- Aceratherium incisivum — 1:20 y 1:35
- Hipparion primigenium — 1:20 y 1:35
- Titanochelon bolivari — 1:20 y 1:35

